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En 1974 cuando el destino, la fatalidad diría, impidió se conquistase en el Estadio Heysel de Bruselas la Copa de Europa.
Recuerdo que tenía puesto champagne en la nevera para festejar el título y la decepción fue enorme, tanto que 32 años después sigo lamentándome.
Espero en vida, ver garnarla algún día.
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